ENTREVISTA A JUANA ROBLES: IX PARTICIPANTE DE LAS RESIDENCIAS ARTÍSTICAS BAICC

Abr 30, 2026 | Destacados, Entrevistas

Juana Robles

Béal’, de Juana Robles fue el proyecto elegido en la pasada convocatoria de BAICC – Residencia Artística Internacional de Creación Cinematográfica promovida por el (S8) junto a AC/E y el LIFT. En  septiembre de 2025, Juana viajó a Canadá para explorar con una grabadora de audio y una cámara de 16mm las historias entrelazadas, las comunidades y la vida cotidiana de Cabbagetown y Regent Park en Toronto. Hablamos con ella de cómo esa intensa experiencia influyó en su proceso de creación. La película resultante de esta residencia podrá verse en A Coruña el próximo junio en el XVII (S8).

1. Tu proyecto ‘Béal’ se transformó mucho una vez que llegaste a Toronto, ¿podrías hablarnos de esta evolución y en qué consiste finalmente?

Durante el proceso de solicitud de la residencia y de investigación, el proyecto iba a centrarse principalmente en Cabbagetown, un barrio que investigué desde Irlanda, donde vivo desde 2019, a partir de las conexiones con la migración irlandesa y la Gran Hambruna del siglo XIX. Ya tenía un primer contacto allí a través de una filmación prevista en el Cabbagetown Boxing Club, y la exploración del barrio y de su historia reciente y pasada, como es habitual en mi práctica, estaba pensada desde un enfoque más experimental.

Pero el proyecto cambió cuando empecé a explorar el barrio. En la primera jornada de búsqueda de localizaciones llegué a Oak Street, el límite entre Cabbagetown y Regent Park (en una zona históricamente asociada al antiguo Cabbagetown, una de las áreas de mayor pobreza urbana de Norteamérica a finales del siglo XIX y principios del XX, que en la década de 1950 se convirtió en el primer y mayor complejo de vivienda social de Canadá), y me encontré con George, una persona sin hogar. Ese encuentro cambió la forma de explorar y de expresar, especialmente el enfoque formal.

El film empezó entonces a girar en torno a los contrastes y fronteras que genera la gentrificación: dos barrios separados por pocas calles, pero con realidades muy distintas, incluso dentro de un mismo territorio. Empecé a ver la necesidad de centrarme más en las luchas actuales, especialmente en Regent Park, que desde principios de los 2000 está en proceso de transformación, y de usar Cabbagetown como contrapunto, más que únicamente una narración de sus historias pasadas. No es una sola mirada, sino un conjunto de voces desde diferentes posiciones en ambos lados. Construí el film como si fueran ladrillos que se van uniendo, revelando poco a poco las interconexiones y las consecuencias de decisiones políticas, así como su impacto en los distintos grupos.

Así, Béal se convirtió en una exploración de Cabbagetown y Regent Park como un tejido común de migración, pobreza, gentrificación, reurbanización y resistencia, a través de la historia oral y planos estáticos de los barrios.

El título, Béal, significa “boca” en irlandés. Inicialmente hacía referencia a la Gran Hambruna y la migración irlandesa, así como a la desembocadura del río Don en Toronto, un territorio utilizado por comunidades indígenas como lugar de tránsito, pesca y asentamiento mucho antes de la colonización europea en Canadá. A lo largo del proceso, su significado se amplió hacia la oralidad y la transmisión de historias, y hacia la vivienda como un espacio atravesado por la especulación y la lógica del capitalismo.

Imágenes Béal (Juana Robles, 2026)

2. Este es el proyecto del BAICC que más se ha centrado en la comunidad de Toronto, especialmente Regent Park. Les has dado voz. ¿Cómo fue el proceso de llegar a estas personas?

El acceso a la comunidad no fue un proceso lineal ni completamente planificado, sino algo que se fue construyendo a partir de la presencia cotidiana en el lugar, de coincidencias afortunadas y de la apertura a confiar y a acoger las oportunidades y conexiones que surgían de forma natural. 

Empecé con una idea más formal de conexión, como el contacto previo que tenía con el Cabbagetown Boxing Club, que me permitiría conectar con la comunidad de Cabbagetown y su historia.

Pero el encuentro con George fue clave, porque a partir de ahí me apoyó a conectar con otras personas y organizaciones.

Me lo encontré sentado en un banco dando de comer a ardillas y palomas en el “Peace Garden” de Elsaida Douglas, frente a una organización comunitaria que ofrece apoyo, comida y servicios a personas en situación de vulnerabilidad. Me senté con él y empezamos a hablar. Sentí que estábamos en un punto geográfico de tensión donde se cruzaban historias sociales, políticas y urbanas, y que existía una urgencia por parte de las personas de compartir sus historias y ser escuchadas.

Grabé alrededor de 15 horas de sonido —muchas de ellas en el mismo banco donde conocí a George, sin necesidad de desplazarme—. Las conversaciones se iniciaban de forma espontánea, con testimonios de distintas personas y comunidades en Cabbagetown y Regent Park. George prefería no ser grabado, pero en algunas ocasiones actuaba como intermediario: me indicaba con quién hablar o a quién evitar y, además, cuidaba el equipo de grabación. No había forma de concertar citas; la gente no aparecía, así que la única manera era volver a ese banco, esperar con George y compartir el tiempo conversando y dando de comer a palomas y ardillas. 

La confianza se construyó a través del tiempo compartido, y muchas de las personas con las que hablé llevaban años vinculadas a la comunidad, como residentes, trabajadores o activistas. Muchas habían pasado por momentos difíciles o experiencias de crisis en sus vidas, y más tarde habían creado o empezado a trabajar en organizaciones, o a ayudar a otras personas con trayectorias similares. Así, la mayoría de las personas con las que hablé se encontraban en una situación relativamente estable, desde la cual podían reflexionar y defender los derechos de las personas en situación de mayor vulnerabilidad. Ofrecían testimonios personales, pero al mismo tiempo hablaban de las organizaciones y de su impacto en el barrio —algo que a menudo se echaba en falta cuando Regent Park fue planificado exclusivamente como vivienda social, con un diseño considerado inseguro y sin las instalaciones necesarias para reducir el daño o responder a las realidades del entorno, marcadas por decisiones de planificación urbana y desigualdad social.

Llegué a principios de octubre, que resultó ser un mes muy suave, con temperaturas agradables y sol, lo que hacía que la gente estuviera más en la calle y en un estado más accesible. Cuando me fui a finales de mes, las temperaturas ya estaban cerca de los 0 grados por la noche, y quería despedirme de algunas personas, pero ya no quedaba nadie en los lugares habituales de esa calle. 

Imágenes Béal (Juana Robles, 2026)

3. El contenido íntimo ha afectado la forma. Háblanos de estas elecciones visuales.

El carácter íntimo de las historias influyó directamente en la forma del film, especialmente en la decisión de no ilustrar los testimonios ni exponer a las personas que así lo deseaban. En lugar de “representar”, busqué un espacio donde la palabra, la voz y la imagen pudieran convivir y crear un diálogo con carácter propio, manteniendo una cierta distancia visual y encontrando un equilibrio entre la creación de contexto y la evitación de planos demasiado explicativos.

El núcleo de la residencia fueron los encuentros y el tiempo dedicado a escuchar, pero decidí no estructurar el film como un diario de esa interacción ni convertir mi presencia o mi relación con las personas en una narración en primera persona. Intenté mantenerme lo más al margen posible. Mi voz no aparece en el film, a pesar de que el proceso estuvo atravesado por muchas conversaciones informales, lejos de una entrevista convencional.

El planteamiento inicial, cuando todavía no tenía en cuenta este tipo de interacciones y el enfoque estaba más en el barrio como personaje, trabajando con el medio fílmico y con técnicas como dobles exposiciones, velocidades de obturación variables y rodaje fotograma a fotograma, habría, en mi opinión, desplazado la atención hacia los efectos y la forma más que hacia las propias narrativas, algo que me preocupaba. A menudo trabajo con personas fuera de los contextos más visibles, sin recurrir al diálogo o a la palabra, dejando que las historias se expresen a través del cuerpo. En este caso, sin embargo, era importante desplazar ese enfoque hacia la escucha y la palabra, y dar espacio a los testimonios y a las conversaciones que surgieron en el proceso, ya que tampoco contaba con el tiempo habitual de trabajo con colaboradores, que en otros proyectos suele ser de alrededor de un año.

Las historias son en muchos casos duras —violencia, adicción, desplazamiento, precariedad—, lo que llevó a no convertirlas en imagen directa, sino a dejarlas existir principalmente a través de la voz y de fragmentos visuales abiertos, donde el encuadre, la ausencia y el ritmo responden a una búsqueda de respeto, protección y una aproximación más sensorial.

En este contexto, la única persona retratada de forma claramente es Elsaida. El día que planeaba filmar su “Peace Garden” contra la violencia, ella misma apareció con un gran retrato enmarcado suyo y se situó con él en el centro del jardín. No quise interrumpirla ni insistir en un concepto artístico previamente establecido de no mostrar rostros, también porque su historia y su figura como activista en el barrio están profundamente ligadas al lugar. Además, Elsaida también me invitó a su casa en el edificio de personas mayores en Regent Park, lo que me permitió grabar distintos estados del desarrollo del barrio desde perspectivas únicas. Finalmente, Elsaida aparece al inicio y al final del film, cerrando así la estructura narrativa como un gesto de apertura y cierre, una especie de personaje principal.

Como mencioné, los testimonios funcionan como “ladrillos” que construyen la estructura del film, pero la imagen nunca los encierra completamente. Hay un espacio para que el espectador también construya esos elementos y encuentre su propia resonancia.

Lamentablemente, no todas las personas que conocí ni todas las historias pudieron formar parte del film.

Imágenes Béal (Juana Robles, 2026)

4. ‘Béal’ está filmado en 16mm blanco y negro. ¿Qué aporta el formato analógico?

Creo que tengo que responder de forma más general, ya que no encuentro una aportación específica para este proyecto cinematográfico que no tuviera de todos modos.

Vengo de un trasfondo en pintura y dibujo, y solo encontré un acceso pleno al medio cinematográfico tras descubrir el cine analógico a través de talleres en festivales de cine experimental, incluso después de haber completado dos años de formación en una escuela cinematográfica (digital).

Las cámaras analógicas las concibo como una herramienta de trabajo sensorial, más cercana a un medio como la pintura; lo que permite que la obra hable a través de la materialidad del propio medio, algo que no logro con las cámaras digitales ni con la interacción con menús interminables.

Filmo exclusivamente en analógico, salvo en proyectos colaborativos puntuales. Si es un proyecto en solitario, lo digital no es una opción.

Es simplemente mi herramienta de trabajo. El cine analógico me permite crear una conexión única con el sujeto —ya sea una persona, un objeto o la naturaleza— que no es fácil de explicar. La cámara es una protección, pero también me conecta: puedo participar en el mundo sin quedar absorbido por él. Parte de esta experiencia es simplemente mirar a través del visor, el sonido y la interacción física con la cámara.

Disfruto del elemento de sorpresa, intento estar plenamente en el momento y que cada toma tenga valor, convirtiéndose casi en un acto performativo o ritual.

Creo que el uso del formato también está muy conectado con la experiencia positiva dentro de la comunidad de cine experimental, donde finalmente me sentí en casa después de muchos años de probar distintas disciplinas en el ámbito artístico o de estancamiento. Las primeras veces que se proyectaron mis películas no tenía ni página web, ni Instagram, ni una trayectoria consolidada, y creo que eso fue algo maravilloso. Me animó a seguir adelante, a construir un lenguaje de expresión y a confiar en una comunidad acogedora que abraza la creación de trabajos independientes y no comerciales.

Juana Robles y George rodando Béal en Toronto

5. ¿Cómo ha sido la acogida en la comunidad experimental de Toronto y las instituciones?

La acogida en la comunidad experimental de Toronto y LIFT (Liaison of Independent Filmmakers of Toronto) ha sido extremadamente positiva. He contado con mucho apoyo, buenas facilidades y acceso a equipamiento, lo que ha permitido que el trabajo y mi práctica evolucionen de forma natural, sin presiones ni expectativas predeterminadas.

Esta experiencia también reforzó una forma de trabajar basada en el proceso, donde la escucha y la observación tienen prioridad sobre estructuras puristas dentro del cine analógico experimental o, al contrario, sobre narrativas cerradas y resultados predefinidos, abriéndose a cualquier tipo de lenguaje cinematográfico y entendiendo el cine experimental como algo gradual más que como un género aislado.

Durante la residencia también coincidí con miembros deI (S8), que presentaban trabajos de otras residencias, lo que abrió nuevas conexiones con cineastas y organizaciones durante sesiones de cine, cenas y encuentros informales. Además, pude asistir a distintas proyecciones en la ciudad y conocer laboratorios de procesado y escaneo, lo que amplió mi red dentro del contexto audiovisual local.

Ha sido una experiencia muy generosa y enriquecedora.

Encuentro con cineastas y programadores en Toronto. De izquierda a derecha, Juana Robles, Ángel Rueda, Almudena Escobar, John Porter, Nela Fraga, Sonya Mwambu, Janine Marchessault, Philip Hoffman.

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