EL OBTURADOR CÓSMICO
Filmoteca de Galicia | Martes 2 de junio | 18:00 | Entrada libre a todas las sedes hasta completar aforo. No será posible acceder a las salas una vez empezada la proyección.
Orb
Larry Jordan | 1975 | Estados Unidos | 16 mm | 4 min
Una película de animación con recortes, compacta y a todo color, tan efímera como los colores que nadan en la superficie de una burbuja de jabón. La forma redonda eterna, el orbe —Sol, Luna, símbolo del yo en su totalidad— flota siguiendo su curso, inimitable y jubiloso, de deleite celeste, escena tras escena, para establecerse finalmente como el globo místico que envuelve a los amantes cuya trayectoria ha seguido en paralelo a lo largo de la película.
El eclipse: el cortejo entre el Sol y la Luna
Georges Méliès | 1907 | Francia | 35 mm a digital | 9 min
Un viejo astrónomo medieval invita a sus alumnos a contemplar un eclipse solar con su telescopio. En esta burlona visión, el Sol y la Luna tienen caras humanas, flirtean entre sí y producen en el cielo una impresionante lluvia de estrellas-doncellas.
Eye Eclipse + 3 Suns + Solar, the Blindman Eating a Papaya + Heat Ray
João Maria Gusmão & Pedro Paiva | 2007-2011 | Portugal | 16 mm | 9 min
Cuatro películas a gran velocidad que versan sobre la analogía, el materialismo y la visión. Eye Eclipse se basa en una analogía entre el ojo humano, el huevo y la Luna, en la cual los artistas investigan el eclipse de un planeta oculto, la existencia que subyace tras el concepto de visibilidad como materia oscura que existe aunque no se vea. 3 Suns es una triple exposición de una puesta de sol a través de una caverna, que dio como resultado una suerte de experimento mental relativo a la descripción de Newton de la imagen residual que se produce en el ojo al mirar directamente al Sol. Aquí se representa una hipótesis conceptual sobre la ceguera, el tiempo y la suspensión de la visión mediante un trilema. En Solar, the Blind Man… nos enfrentamos a la mirada blanca de un ciego, que persigue al observador de una manera fantasmal, como si su ceguera fuera capaz de romper la convención de la cuarta pared. Heat Ray sigue el mismo marco conceptual. Se trata de una reconstrucción del sistema de espejos incendiarios de Arquímedes, en la que se quema la emulsión de película mediante la sobreexposición de reflejos especulares en una pantalla.
(João Maria Gusmão y Pedro Paiva)
Ich Bin 33
Jan Peters | 2000 | Alemania | Super 8 a digital | 3 min
El 11 de agosto de 1999, cargué un rollo de película Super 8 en la cámara y me puse ante ella para resumir lo que había sido mi vida a lo largo del año anterior, como hago todos los años. Pero esta vez me sorprendió el eclipse…
(Jan Peters)
Shutter
Alexi Manis | 2010 | Canadá | 16 mm | 9 min
Shutter hace un seguimiento de la salida del sol, las sombras que se alargan y el día que se oscurece durante un eclipse solar. Con secuencias del eclipse solar total de 1981 grabadas en vivo y documentadas en película por el astrónomo aficionado Andreas Gada, Shutter presenta una metáfora visual del cambio y la magia de la luz que se producen en los infrecuentes días en que tiene lugar este fenómeno celeste. Un collage con sonido original refleja el poder hipnótico del mundo natural.
(Alexi Manis)
Just Ancient Loops
Bill Morrison | 2012 | Estados Unidos | 35 mm a digital | 24 min
En Just Ancient Loops, el cineasta Bill Morrison se vale de escaneados a alta resolución de metraje antiguo de película de nitratos, así como representaciones gráficas de imágenes generadas por ordenador de nueva creación, para mostrar diferentes vistas de los cielos. Con música original de Michael Harrison, interpretada por la extraordinaria chelista Maya Beiser.
Proyección dedicada a la memoria de Michael Harrison (1958-2026).
Condor
Kevin Jerome Everson | 2019 | Estados Unidos | 16 mm a digital | 8 min
Una película en 16 mm y en blanco y negro del eclipse solar sobre la costa de Chile, el 2 de julio de 2019, en la que se capta su totalidad y el audio en tiempo real. El cóndor es el ave nacional de Chile.
Parte de una serie de filmes en curso en los que se registra el eclipse solar, que abarcan además Polly One y Polly Two. En mi trabajo deben proyectarse y revelarse los materiales, el procedimiento y el proceso. Mediante un destello de luz, una película sobreexpuesta, destellos de color, sonidos distorsionados e incluso grabaciones prolongadas, se refuerza mi concepción de la materialidad. El procedimiento es la cualidad formal; el proceso es la ejecución de la cualidad formal. Una vez que tengo una comprensión cabal del procedimiento, el proceso se torna disciplina.
(Kevin Jerome Everson)
EL OBTURADOR CÓSMICO
Hace ya siglos que es posible ver un eclipse sin mirar al cielo, gracias al milagro óptico de la proyección de imágenes en movimiento. Antes de la invención del cine, una de las maneras más cómodas de ver eclipses era a través de una cámara oscura: los estudiosos de la astronomía podían así contemplarlo sin herir sus ojos, e incluso realizar mediciones y dibujos usando la imagen proyectada. La primera película que captó un eclipse llegaría ya en 1900, de la mano del mago y miembro de la Real Sociedad Astronómica británica Nevil Maskelyne. Lo filmó en una expedición a Carolina del Norte, empleando un adaptador telescópico especial para su cámara. Pero antes de eso, si nos aventuramos, podríamos imaginar que la primera película de un eclipse se vio en el zoopraxiscopio de Eadweard Muybridge, el primer dispositivo que proyectó imágenes en movimiento a partir de la cronofotografía. El 11 de enero de 1880, Muybridge captó una serie de 21 fotografías consecutivas de las fases de un eclipse solar en Palo Alto, California, por encargo de Leland Stanford.
Es natural ese cruce de caminos entre el cine y los eclipses. Al fin y al cabo, puede que sean los más fascinantes fenómenos lumínicos que existen: el cine, fabricado por la ciencia humana, y los eclipses, por la naturaleza. En un eclipse solar, el Sol, la Luna y la Tierra se alinean, propiciando así que por un momento la Luna se convierta en una especie de obturador cósmico. Y el obturador —que genera la intermitencia de oscuridad entre las imágenes fijas de una película— es precisamente lo que posibilita el cine por ser un factor clave en la ilusión de movimiento.
Pensando en tales (y otras) coincidencias, este programa intenta recoger las maneras posibles en las que un eclipse puede tomar forma en el cine sin ser necesariamente un mero registro. Cada una de las películas propone un modo de pensar los eclipses dejando también a la vista la propia naturaleza del cine. Partimos con Orb (1975), de Larry Jordan. Es muy frecuente en el universo collagístico animado de Jordan el uso de la simbología y de las imágenes astronómicas de los siglos XVII, XVIII y XIX. En Orb se impone la forma del círculo, que puede ser un globo o un reloj, pero que es también representación del Sol y de la Luna. En el sutil y lento solapamiento de círculos del film, entramos en la sesión con apenas una sugerencia del tema. Conectando con la idea de representación, en El eclipse: el cortejo entre el Sol y la Luna (1907), Georges Méliès utiliza el ilusionismo escenográfico y óptico para generar un desconcertante eclipse en el que la Luna es un efebo y el Sol un viejo sátiro en lasciva aproximación. Un acontecimiento astral que aquí se convierte en humorístico y carnal. Siguiendo con los «falsos eclipses», en Eye Eclipse + 3 Suns + Solar, the Blindman Eating a Papaya + Heat Ray (2007-2011), los portugueses João Maria Gusmão y Pedro Paiva reflexionan en torno a la visión y la óptica a través de imágenes metafóricas: un huevo que es a la vez un ojo y una luna; un paisaje en el que se multiplican los astros luminosos; las pupilas muertas, empañadas, de un hombre ciego.
Después de esta aproximación simbólica, nos acercamos a lo real. En Ich Bin 33 (2000), de Jan Peters, no vemos propiamente el eclipse, sino sus efectos sobre la Tierra y sobre la exposición de una película. Shutter (2010), de Alexi Manis, juega con esa idea que apuntábamos antes del eclipse como obturador cósmico. Manis, por medio de un delicado juego de luces y sombras, recrea ese enrarecimiento de la luz durante el fenómeno. Lo que sugiere Manis se concreta en Just Ancient Loops (2012), de Bill Morrison, en la que el montaje nos proporciona la conexión entre el obturador de la cámara de cine y la Luna. La película de Morrison examina, a través de un compendio de metraje encontrado, las maneras posibles de visualizar un eclipse: los telescopios, los lentes, las representaciones del universo y también la propia significación cultural de los cielos y su iconografía. Finalmente, es el propio haz de luz del proyector el que pareciera ser el Sol eclipsado: eso es lo que consigue Condor (2019), de Kevin Jerome Everson, en su modo de transferir el fenómeno observado a la sala de cine. El obturador cósmico, el de la cámara y el del proyector confluyen en plena alineación astral, cerrando así el programa.
Elena Duque
