Xiana
Hablamos con Xiana Gómez-Díaz, artista en foco en la ssección Sinais de la séptima edición del (S8).
¿Cómo empiezas a hacer películas? Parecen casi todas fruto natural de una observación cotidiana, y me gustaría saber cuándo y cómo te decidiste a convertir esas observaciones en piezas.
Los hay más y menos espontáneos. Varios de mis trabajos eran en origen mis vídeos caseros o grabaciones de campo, sin ningún plan previo, cosa que para mí suele resultar positiva.
La decisión de publicar es la más complicada. No sé exactamente a qué obedece todavía, pero sí que la mayoría de mis obras funciona mejor en el ámbito privado, siento que tengo que protegerlas/protegerme, es otro camino.
Encuentro que muchas piezas tienen latente un gran sentido del humor ¿eres consciente de eso y lo trabajas? ¿O es algo más natural?
No lo había pensado directamente. Cuando grabo una escena espontánea suele ser porque veo en ella algo contradictorio o inesperado, y la sorpresa es uno de los ingredientes básicos del humor. De todos modos, nunca sé si eso se traslada. A mí me hacen gracia muchas cosas que creo que a otras personas ni fu ni fa. El humor es una vía directa al afecto. Hay ese poema de Oswald de Andrade, «Amor: Humor», que lo explica a la perfección.
¿Cómo es tu proceso de trabajo? En piezas como Sotobosque, por ejemplo, parece que hay un plan previo, mientras en otras como Dúas pitas, While it Spins o A Real Woman parece más que la pieza es una respuesta a una observación casual.
Tal cual. Las tres piezas que mencionas al final son escenas grabadas al vuelo con alguna cámara de bolsillo o de fotos, momentos que quise registrar con una mirada extrañante.
De todos modos, es difícil separar lo intelectual de lo que no ha sido pensado. Para Sotobosque (1) (que grabé en el Chanfaina Lab 2015) yo buscaba otro tipo de escena, pero apareció esta preciosa babosa gigante y tachán, magia. La forma de retratarla y el montaje son fruto de meses o años de pensamiento y militancia animalista, pero el instante fue casual. Por otro lado, trabajo sobre cuestiones más humanas en proyectos que suelen partir de una investigación, de nuevo, años de trabajo. Como el Proyecto Diario (2013-actualidad), sobre adolescencia femenina.
¿Nos puedes contar más acerca de Proyecto D? ¿Por qué la cultura de dormitorio adolescente, y por qué material doméstico?
Este trabajo quiere vehicular el relato de la adolescencia femenina contado de forma cruda y en primera persona, a través del diario íntimo adolescente. Todavía hoy en día, la calle y los espacios públicos son ocupados más fácilmente por lo masculino normativo, lo cual provoca que la actividad de producción cultural femenina o en tránsito se desarrolle de forma marginal y con escaso impacto. De ahí viene el concepto de «cultura de dormitorio». Se lo tuvieron que sacar de la manga en los 70 las investigadoras de estudios culturales para comprender el hecho de que casi todo lo juvenil, a nivel cultural (particularmente se hablaba de subculturas musicales) era de autoría masculina. En Proyecto Diario estamos estudiando el dormitorio adolescente como espacio trinchera, física y emocionalmente, y dentro de él el dispositivo del diario como soporte de una literatura íntima, de género y particularmente elocuente. No existe una literatura igual. Mal escrita, con una ortografía garrafal, llena de reiteraciones y una lógica delirante, y sin embargo, arrebatadora.
Proyecto Diario es un trabajo. Lo hemos llevado al formato expositivo, publicado un librito, y ahora yo estoy enfrascada en la producción de una película que trata frontalmente no sólo el relato del diario adolescente sino también la problemática de reencontrarse con este relato como mujer adulta.
Por cierto, seguimos aceptando colaboraciones de cualquier persona que en su adolescencia tuviese diario o algún tipo de actividad cultural privada efervescente.