Desde la distancia, con la pátina del tiempo, todo parecía un relato mitológico. Una confluencia de referentes que, más que un final, era un punto de partida. Durante mucho tiempo antes de nuestro viaje las lecturas y conversaciones siempre terminaban allí: Nueva York, 1960. Un mundo mágico en el que convivían músicos de free jazz, cineastas experimentales y artistas plásticos, todos ellos creando desde la máxima de una libertad radical. El foco principal de todo esto era el Lower East Side, que en esa época era uno de los barrios populares y desfavorecidos de la ciudad. Aldo Tambellini ya no está allí. Dejó Nueva York en a mediados de los setenta dando por terminada su relación con esta ciudad de la que formó parte.
La trayectoria de Tambellini está acompañada tanto del correlato de la gentrificación como del de la asimilación del cine experimental por las instituciones museísticas. Su obra está íntimamente ligada al undeground de su época. Antes de conocer a Aldo comenzamos a pasear por las calles del barrio en la actualidad. En esas calles no había ni rastro de lo que fue en otro tiempo. Pero la deriva siempre recompensa. Cruzamos el barrio sin rumbo alguno, con la mera intención de perdernos lo antes posible. En muy poco tiempo lo estábamos consiguiendo, ya no podíamos orientarnos. En un instante el sonido cambió. El silencio de las tiendas de ropa, galerías y cafeterías desapareció para dar paso a música caribeña, voces dominicanas, puertorriqueñas… Y ahí estaban, un poco más alejados pero ahí estaban los vecinos de Tambellini.
Siempre he estado en contra de los límites establecidos sobre mí por la sociedad, el sistema político, cultural… Este pensamiento vino muy pronto en mi vida al negarme a seguir la corriente fascista que me hubiese lavado el cerebro para abrazar al fascismo/ la conformidad del mundo del arte/ las delimitaciones raciales.
Empecé a sentir las restricciones que había en mis pinturas. Para prosperar con con la pintura, el artista aún depende de una galería, un crítico, un establishment que lo acepte, lo bendiga y difunda su trabajo. Fue entonces cuando comencé a pintar diapositivas de cristal y a proyectarlas desde mi edificio sobre el edificio de enfrente en el Lower East Side de Nueva York. Había cierta libertad en ver mis nuevas “pinturas” más grandes que cualquier lienzo. Podía pintar y proyectarlas para que el mundo las viera sin la aceptación de un crítico, sin la bendición del establishment del arte, sin las tan odiadas restricciones impuestas al artista.
Pensamientos de libertad. 1967. Aldo Tambellini
Nació entre dos eclipses lunares, también entre dos guerras mundiales. El cosmos y sus experiencias vividas durante y tras la segunda guerra mundial atraviesan toda su obra. También estaba fuertemente influenciado por el “espacialismo” de Fontana y el “Zero Group” alemán del que formaba parte Otto Piene, con quien compartía una gran amistad que daría como fruto la apertura del Black Gate, un espacio para la experimentación en la parte superior de The Gate Theater, la sala de Aldo y Elsa Tambellini. The Gate Theater abrió sus puertas con un acto de protesta: la celebración del New Visions Festival en septiembre de 1966 como respuesta a la cuarta edición del New York Film Festival del que los cineastas eran excluidos por la forma y contenido de sus películas. Hay que recordar que la censura venía de largo en los EEUU y que implicaba incluso hasta los laboratorios, que en su momento llegaron a colaborar en la eliminación de películas de contenido supuestamente “obsceno”. Bien conocido es el caso de la destrucción por parte de Kodak de una de las películas que Kenneth Anger hizo en colaboración con Stan Brakhage y Jess Collins en 1954. Pero los sesenta tampoco se quedaban atrás. José Soltero, quemó una bandera de los Estados Unidos en protesta por la guerra de Vietnam en una performance llamada LBJ en uno de los teatros independientes más famosos del Lower llamado The Bridge a principios de 1966. Elsa Tambellini era la directora artística de esta performance y también se encargaba de mucha de la programación de este lugar. Años atrás, en este mismo espacio, la policía había confiscado Flaming Creatures de Jack Smith y mandado a Jonas Mekas a prisión. Dado su conocido historial, The Bridge decidió cerrar sus puertas durante un tiempo por miedo a posibles represalias. Este cierre fue uno de los motivos por los que abrió The Gate Theater. Todo esto sucedía al mismo tiempo que Aldo realiza sus Black Film Series.
Comencé a recolectar colas de películas japonesas, archivo y descartes. Un amigo cineasta, José Soltero, me vendió su Bolex por tan sólo 300$ y comencé a filmar. Tras interminables horas de edición, visionado y reedición, habían nacido una serie de películas que eran “experiencias sensoriales”. Mis películas se convirtieron en pinturas en movimiento.
Conversación con Aldo Tambellini.
15 de octubre de 2016. Cambridge (Massachusetts)
Lejos de allí, en Cambridge, el encuentro con Aldo se convierte en otra puerta a ese tiempo que ya no hayamos mítico pero sí indudablemente intenso. “Fuera del teatro, junto a la entrada, había un muro en el que hacíamos un gran collage con las películas que iban a ser proyectadas ese mes. Cada semana cambiábamos la programación que podía ser una compilación de películas muy diferentes como las de los Kuchar Brothers, Stan Vanderbeek, gente de la costa oeste como Bruce Conner que me gusta especialmente… También cine experimental japonés. Taka (Takahiko Limura) vivía sólo a unos bloques de mi casa y solía ir mucho a Japón, en donde proyectaba películas de amigos de Nueva York, y volvía con un montón de películas japonesas que proyectábamos en el Gate.”
Su obra es lo que queda de todo aquello. En ella está la búsqueda de experiencia, la rabia y la potencia.
Aldo Tambellini. Programa 1. Mañana jueves 1 de junio a las 19.10 h. en la Sala (S8) PALEXCO.
Programa 2. Sábado 3 de junio a las 20 h. en el CGAI.
Performance Moondial. Sábado 3 de junio a las 23 h. en la Fundación Luis Seoane.
Instalación Atlantic in Brooklyn. Fundación Luis Seoane.
Desde a distancia, coa pátina do tempo, todo parecía un relato mitolóxico. Unha confluencia de referentes que, máis que un final, era un punto de partida. Durante moito tempo antes da nosa viaxe as lecturas e conversacións sempre terminaban alí: Nova York, 1960. Un mundo máxico no que convivían músicos de free jazz, cineastas experimentais e artistas plásticos, todos eles creando desde a máxima dunha liberdade radical. O foco principal de todo isto era o Lower East Side, que nesa época era un dos barrios populares e desfavorecidos da cidade. Aldo Tambellini xa non está alí. Deixou Nova York a mediados dos setenta dando por terminada a súa relación con esta cidade da que formou parte.
A traxectoria de Tambellini está acompañada tanto do correlato da xentrificación como do da asimilación do cinema experimental polas institucións museísticas. A súa obra está intimamente ligada ao undeground da súa época. Antes de coñecermos a Aldo comezamos a pasear polas rúas do barrio na actualidade. Nesas rúas non había nin rastro do que foi noutro tempo. Pero derívaa sempre recompensa. Cruzamos o barrio sen rumbo algún, coa mera intención de perdernos canto antes. En moi pouco tempo estabamos a conseguilo, xa non podiamos orientarnos. Nun instante o son cambiou. O silencio das tendas de roupa, galerías e cafeterías desapareceu para dar paso a música caribeña, voces dominicanas, portorriqueñas… E aí estaban, un pouco máis afastados pero aí estaban os veciños de Tambellini.
Sempre estiven en contra dos límites establecidos sobre min pola sociedade, o sistema político, cultural… Este pensamento veu moi pronto na miña vida ao negarme a seguir a corrente fascista que me lavase o cerebro para abrazar o fascismo/ a conformidade do mundo da arte/ as delimitacións raciais.
[…] Empecei a sentir as restricións que había nas miñas pinturas. […] Para prosperar coa pintura, o artista aínda depende dunha galería, un crítico, un establishment que o acepte, que o bendiga e difunda o seu traballo. Foi entón cando comecei a pintar diapositivas de cristal e a proxectalas desde o meu edificio sobre o edificio de en fronte no Lower East Side de Nova York. Había certa liberdade en ver as miñas novas “pinturas” máis grandes que calquera lenzo. Podía pintar e proxectalas para que o mundo as vise sen a aceptación dun crítico, sen a bendición do establishment da arte, sen as tan odiadas restricións impostas ao artista. […]
Pensamentos de liberdade. 1967. Aldo Tambellini
Naceu entre dúas eclipses lunares, tamén entre dúas guerras mundiais. O cosmos e as súas experiencias vividas durante e tras a segunda guerra mundial atravesan toda a súa obra. Tamén estaba fortemente influenciado polo “espacialismo” de Fontana e o “Zero Group” alemán do que formaba parte Otto Piene, con quen compartía unha gran amizade que daría como froito a apertura do Black Gate, un espazo para a experimentación na parte superior de The Gate Theater, a sala de Aldo e Elsa Tambellini. The Gate Theater abriu as súas portas cun acto de protesta: a celebración do New Visions Festival en setembro de 1966 como resposta á cuarta edición do New York Film Festival do que os cineastas eran excluídos pola forma e contido das súas películas. Hai que lembrar que a censura viña de longo nos EEUU e que implicaba mesmo ata os laboratorios, que no seu momento chegaron a colaborar na eliminación de películas de contido supostamente “obsceno”. Ben coñecido é o caso da destrución por parte de Kodak dunha das películas que Kenneth Anger fixo en colaboración con Stan Brakhage e Jess Collins en 1954. Pero os sesenta tampouco quedaban atrás. José Soltero, queimou unha bandeira dos Estados Unidos en protesta pola guerra de Vietnam nunha performance chamada LBJ nun dos teatros independentes máis famosos do Lower chamado The Bridge a principios de 1966. Elsa Tambellini era a directora artística desta performance e tamén se encargaba de moita da programación deste lugar. Anos atrás, neste mesmo espazo, a policía confiscara Flaming Creatures de Jack Smith e mandara a Jonas Mekas a prisión. Dado o seu coñecido historial, The Bridge decidiu pechar as súas portas durante un tempo por medo a posibles represalias. Este peche foi un dos motivos polos que abriu The Gate Theater. Todo isto sucedía ao mesmo tempo que Aldo realiza os seus Black Film Series.
Comecei a colleitar colas de películas xaponesas, arquivo e descartes. Un amigo cineasta, José Soltero, vendeume o seu Bolex por tan só 300$ e comecei a filmar. Tras interminables horas de edición, visionado e reedición, naceran unha serie de películas que eran “experiencias sensoriais”. As miñas películas convertéronse en pinturas en movemento.
Conversación con Aldo Tambellini.
15 de outubro de 2016. Cambridge (Massachusetts)
Lonxe de alí, en Cambridge, o encontro con Aldo convértese noutra porta a ese tempo que xa non achamos mítico pero si indubidablemente intenso. “Fóra do teatro, xunto á entrada, había un muro no que faciamos unha gran colaxe coas películas que ían ser proxectadas ese mes. Cada semana cambiabamos a programación que podía ser unha compilación de películas moi diferentes como as dos Kuchar Brothers, Stan Vanderbeek, xente da costa oeste como Bruce Conner que me gusta especialmente… Tamén cinema experimental xaponés. Taka (Takahiko Limura) vivía só a uns bloques da miña casa e adoitaba ir moito a Xapón, onde proxectaba películas de amigos de Nova York, e volvía cunha chea de películas xaponesas que proxectabamos no Gate.”
A súa obra é o que queda de todo aquilo. Nela está a procura de experiencia, a rabia e a potencia.
Aldo Tambellini. Programa 1. Mañá xoves 1 de xuño ás 19.10 h. na Sala (S8) PALEXCO.
Programa 2. Sábado 3 de xuño ás 20 h. no CGAI.
Performance Moondial. Sábado 3 de xuño ás 23 h. na Fundación Luís Seoane.
Instalación Atlantic in Brooklyn. Fundación Luís Seoane.
From the distance, with the pass of time, everything seemed a mythological story. A confluence of referents that, more than an end, was a starting point. For a long time before our trip, readings and conversations always ended there: New York, 1960. A magical world in which free jazz musicians, experimental filmmakers and plastic artists lived together, all of them creating from the core idea of a radical freedom. The main focus of all this was the Lower East Side, which at that time was one of the popular and disadvantaged neighborhoods of the city. Aldo Tambellini is no longer there. He left New York in the mid-seventies and ended his relationship with this city of which he was a member.
Tambellini’s career is accompanied by both the correlative of gentrification and that of the assimilation of experimental cinema by the museum institutions. His work is intimately linked to the undeground of his time. Before meeting Aldo we started to walk the streets of the neighborhood today. In those streets there was no trace of what was once. But drift always has a reward. We crossed the neighborhood aimlessly, with the sole intention of losing ourselves as soon as possible. In a very short time we were getting it, we could no longer orient ourselves. In an instant the sound changed. The silence of the clothing stores, galleries and coffee shops disappeared to give way to Caribbean music, Dominican, Puerto Rican voices… And there they were, a little further away, but Tambellini’s neighbors were there.
I have always been opposed to the limits placed on me by society, the political system, the cultural… This came early in my life not attending the Fascist «radunata» where I would have been brainwashed to embrace fascism/the conformity of the art world, the racial delineations.
I had started to feel the restrictions that my paintings posed for in order to profuse you painting the artist still dependeds on a gallery, the art critic, an establishment which would accept, bless and diffuse your work. That is when I took to painting glass slides and projecting them from one building to the next in the Lower East Side of New York. There was freedom in seeing my now “paintings” larger than any canvas I could ever paint, projected for the world to see without the acceptance of an art critic, without the blessing of the art establishment without the much hated restrictions imposed on the artist.
Thoughts on Freedom, Aldo Tambellini, 1967
He was born between two lunar eclipses, also between two world wars. The cosmos and his experiences during and after the Second World War go through all his work. He was also strongly influenced by Fontana’s «spatiality» and the German «Zero Group» of which Otto Piene was part, with whom he shared a great friendship that would result in the opening of the Black Gate, a space for experimentation at the top of The Gate Theater, the hall of Aldo and Elsa Tambellini. The Gate Theater opened with an act of protest: the celebration of the New Visions Festival in September of 1966 in response to the fourth edition of the New York Film Festival of which the filmmakers were excluded by the form and content of their movies. It should be remembered the long-standing censorship in the US that implicated even the laboratories, which at one point collaborated in the elimination of films with supposedly «obscene» content. It is well-known the case of the destruction by Kodak of one of the films that Kenneth Anger made in collaboration with Stan Brakhage and Jess Collins in 1954. But the sixties were not better either. Jose Soltero burned a flag of the United States in protest of the Vietnam War in a performance called LBJ in one of the most famous independent theaters of the Lower called The Bridge in early 1966. Elsa Tambellini was the artistic director of this performance and also took care of great part of the programming of this place. Years ago, in this same space, the police had confiscated Jack Smith’s Flaming Creatures and sent Jonas Mekas to prison. Given its notorious history, The Bridge decided to close its doors for a time out of fear of possible reprisals. This closure was one of the reasons why The Gate Theater opened. All this happened at the same time that Aldo made his Black Film Series.
I started collecting Japanese film trailers, film material and discards. A friend and filmmaker, José Soltero, sold me his Bolex for only 300 $ and I started filming. After endless hours of editing, viewing and re-editing, a series of films were born that were «sensory experiences.» My films became moving paintings.
Conversation with Aldo Tambellini.
October 15, 2016. Cambridge (Massachusetts)
Far from there, in Cambridge, the meeting with Aldo becomes another door to that time that we do not feel mythical but undoubtedly intense. «Outside the theater, next to the entrance, there was a wall in which we made a great collage with the films that were to be projected that month. Every week we changed the programming that could be a compilation of very different films like the ones by the Kuchar Brothers, Stan Vanderbeek, people from the west coast like Bruce Conner who I like especially… Also experimental Japanese cinema. Taka (Takahiko Limura) lived only a few blocks from my house and used to go to Japan a lot, where he shot films of friends from New York, and came back with a lot of Japanese movies that we projected at the Gate. »
His work is what remains of all that. The pursuit of experience, anger and power is in it.
Aldo Tambellini. Program 1. Tomorrow, Thursday, June 1st at 7:10 p.m. At (S8) Room, PALEXCO.
Program 2. Saturday, June 3 at 8:00 p.m. At CGAI.
Moondial Performance. Saturday 3 June at 23 h. At Luis Seoane Foundation.
Installation Atlantic in Brooklyn. Luis Seoane Foundation.