Carla Andrade. Trabajar con los espacios

Jun 3, 2019 | Entrevistas


Tú en un principio te has dedicado más a la fotografía, pero un cierto punto comenzaste a trabajar con la imagen en movimiento. ¿Qué buscas en ese movimiento entre campos, qué has encontrado en el cine que te ha cautivado?
Bueno, es también una pregunta que me hago mucho a mí misma, qué es lo que me interesa de introducir el elemento del tiempo en mi trabajo. Pero supongo que sobre todo esa búsqueda: mi trabajo tiene que ver con la naturaleza de la realidad y sobre todo la naturaleza del tiempo, es un aspecto que siempre está muy presente en todo mi trabajo. Imagino que el introducir la duración, el tiempo, fue algo como… natural. También es cierto que una de las razones que tal vez me llevaron ahí fue el empezar a conocer trabajos de cineastas que anteriormente no conocía. Siempre cito los mismos, pero Peter Hutton, por ejemplo. Interesarme por cierto tipo de cine me inspiró a hacer cosas también en ese sentido, generar experiencias desde otras formas, otros ángulos. Pero bueno, aún no tengo una respuesta muy clara.
El paisaje tiene un gran protagonismo en tu obra. De hecho tu programa aquí en el (S8) se titula El paisaje y más allá. ¿Podrías hablarnos un poco acerca de tu tratamiento del paisaje y qué te interesa de la naturaleza?
El paisaje me interesa mucho, primero porque es con lo que yo he crecido desde muy pequeña, he crecido en una zona rural, y yo creo que este diálogo íntimo que yo siempre he tenido con el paisaje ha hecho que sea casi como una necesidad para mí: su contemplación, pasar muchas horas sintiéndolo, digamos, es algo que forma parte de mi vida. Y luego ya más adelante, cuando intenté racionalizar o encontrar una razón de por qué tengo esta obsesión o por qué me atrae de esta manera la naturaleza no domesticada, o el paisaje… El paisaje porque es mi mirada, pero… creo que tiene que ver con la cualidad que tiene el paisaje de que no se puede poseer, no se puede cuantificar, que es una tregua a la lógica cotidiana, y que en oposición a esas pretensiones de dominio occidentales, de conservación, de querer entender, teorizar, poner límites a la realidad… El paisaje se escapa a eso, es imposible su control. Y supongo que esa insondabilidad, esa infinitud es lo que me interesa del paisaje. Es un elemento en el que puedo proyectar todas estas cuestiones de la parte invisible de la realidad, todas esas cuestiones que se escapan un poco, que están al margen de la realidad consensuada, de la realidad obligatoria, de los códigos que todos aprendemos y que conocemos. El paisaje es un elemento en el que puedo proyectar todos estos intereses.
Dentro del repaso que hacemos por tu obra en esta edición también hay otras piezas en las que tratas toda clase de asuntos. Estoy pensando en Listen to Me, o en Sibila. ¿Podrías hablarnos de estas dos películas?
Sí, son dos películas que nacieron en contextos muy particulares, fueron casi encargos. No salieron de manera espontánea de mí… O sea, sí, pero a posteriori. A priori me tuve que poner en una situación de hacer estas películas. Son muy diferentes porque hay elementos más de ficción, digamos. Son los únicos trabajos en los que tengo elementos de este tipo, y también hay más personajes de lo habitual, mujeres… Incluso estéticamente, de alguna manera, la forma en la que uso la cámara también difiere del resto de trabajos. Pero es cierto que la búsqueda es la misma: crear nuevos códigos, nuevas sintaxis de la realidad, un lenguaje propio, una voz propia que sale de mí, que creo que realmente, en esta búsqueda, este interés de la naturaleza de la realidad y de salirme un poco de la realidad obligatoria, de los códigos que todos dominamos, que nos obligan a dominar, para de esa manera también dominar los códigos de los mecanismos de poder, etc.; en esta búsqueda busco huir de… llego a un cierto idealismo que en última instancia no deja de ser mi propia experiencia subjetiva de la realidad. Lo más honesto que puedo hacer absorber la realidad y con mi intuición devolverla, o lo que sea, y eso vuelve a mí otra vez… y así constantemente. Al fin y al cabo no deja de ser crear un lenguaje propio, crear un lenguaje otro… no distinto del lenguaje real, pero otro, de un mundo diferente.
Tú te mueves con bastante fluidez entre el espacio expositivo de una galería y también el espacio de proyección convencional. ¿Con cuál te sientes más cómoda? ¿Cuál se ajusta mejor a lo que tú haces? O quizá depende de la obra, ¿qué podrías decirnos?
Yo creo que en estos momentos me siento quizá más cómoda trabajando con los espacios, no solo haciendo trabajos que basta con que sean proyectados o reproducidos en una pantalla. Me interesa mucho que haya otros factores que influyan en el trabajo y que sean necesarios para que ese trabajo esté. Y supongo que es también por este interés en buscar nuevas maneras de percibir, de comprender, nuevas maneras de programar la realidad y de volver a programarla… Me siento muy cómoda conceptualizando el espacio y creando trabajos en los que no hay reglas, bueno, que se mezcle todo: lo audiovisual, la imagen fija, los objetos, las luces… Este todo es lo que realmente es la obra. Me interesa también esa aura que se crea cuando la obra tiene que ser vista en ese lugar, con esa unicidad…
Este festival se llama (S8) y tiene mucho afecto por los soportes analógicos. Tú has utilizado bastante el super-8. ¿Qué te interesa del soporte analógico?
Para mí el soporte analógico es un lenguaje más, igual que el digital… Bueno, yo siempre huyo de esta lucha: o uno u otro; no creo que haya que elegir, cada uno son diferentes lenguajes. A mí lo que me interesa del celuloide son varias cosas, pero empezando por el momento de la toma, o… mi cuerpo, ¿no? Al fin y al cabo esta subjetividad parte del cuerpo, o sea, mi cuerpo cambia cuando grabo en celuloide, quizá el momento tiene más peso, es un momento que adquiere cierta solemnidad. Lo cierto es que filmo de manera diferente que cuando trabajo con digital que mi mirada es, quizás, más tecnológica, más objetiva… Pero bueno, mi cuerpo, y mi mirada cambia trabajando con un dispositivo o con otro. Y luego, por supuesto, el resultado es diferente. Me interesa ese carácter alquímico que tiene el celuloide en el que hay elementos casi mágicos, que pertenecerían a lo que se llamaría plano astral de la realidad. Me interesa esa materia, el error que produce la película. Son diferentes materiales con los que trabajar y no tengo preferencia por uno o por otro. Me gusta también mucho experimentar mezclándolos, a ver qué pasa. Grabar en celuloide pero trabajar con ello de manera digital, incluso ahora estoy probando técnicas de realidad virtual con película de 16 mm. Me gusta mezclar todo o mostrar trabajos en celuloide sobre tablets, sobre dispositivos en los que normalmente no se suelen ver ese tipo de trabajos.

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