ELS VAN RIEL
PROGRAMA 2
Filmoteca de Galicia | Viernes 5 de junio | 19:30 | Entrada libre a todas las sedes hasta completar aforo. No será posible acceder a las salas una vez empezada la proyección.
GRADUAL SPEED
Els van Riel | 2013 | Bélgica | 16 mm | 52 min
Hace unos años empecé a coleccionar imágenes con la idea de rendir homenaje a las técnicas del cine analógico, que poco a poco se van perdiendo. Ahora, una serie de estas grabaciones hacen de Gradual Speed un trabajo en y para película en 16 mm en blanco y negro vista como materia y, al mismo tiempo, como metáfora de algo que no podemos aprehender.
(Els van Riel)
Para tratarse de un film cuyo título describe el mecanismo, relativamente sencillo, que se empleó para crearlo, la película en 16 mm de Els van Riel introduce un conjunto de sorprendentes transfiguraciones que, de un modo magnífico, hacen intervenir la forma en el prolongado período pasado con personas, animales, acontecimientos y objetos, en cuya compañía la cineasta esboza unas preocupaciones filosóficas mayores referidas al amor, la fijeza, la representación y la pérdida.
La cámara, posicionada cuidadosamente, comienza con un único encuadre, mientras el obturador se mantiene abierto, y a continuación su velocidad aumenta de manera imperceptible, lo que acelera la frecuencia de los fotogramas y, así, cambia el tiempo de exposición para cada fotograma sucesivo; esto, al cabo, produce una imagen visible en movimiento cuya velocidad, a la manera de los Keystone Cops, varía a su vez y acaba acompasándose al tiempo real.
Para hacer la película, van Riel se inspiró en parte en su hallazgo casual de la historia de Vladimir Shevchenko, uno de los primeros fotógrafos que presenciaron las atroces consecuencias inmediatas del desastre nuclear de Chernóbil y los grabaron en placa sensible. El grado real de sensibilidad de aquello quedó patente en la película que empleó, la cual, al procesarse, mostraba los efectos característicos de la radiación intensa en la emulsión. Él mismo acabó sucumbiendo a un envenenamiento por radiación.
Como observa van Riel, «Es esa relación inextricable la que arroja una larga sombra sobre este filme-escultura reflexivo, como una idea de última hora que nos recuerda que la película es primeramente un cuerpo que lleva en sí los vagos rastros de otros cuerpos, siempre en un equilibrio entre la aparición y la desaparición».
Estas observaciones se manifiestan en la precisión del ajuste temporal que hace del tema que trata, ajuste que somete a interminables renovaciones, de modo que, por ejemplo, la inminente aceleración de su madre mientras dormita, cuyos jugueteos, a la larga, pesan mucho en el simple cambio de velocidad, se convierte en lo único que debemos saber sobre tablas de exposición y el paso abstracto del tiempo.
Es esta epifanía interior, y no ningún resplandor que se produzca en la pantalla, la que tiene el mayor poder de influencia.
(Julie Murray)
ELS VAN RIEL
LA TRANSFIGURACIÓN DE LA LUZ
En 1676, Antoni van Leeuwenhoek, funcionario del Ayuntamiento de Delft, descubrió la existencia de los seres microscópicos. Esa forma de vida, desconocida e insospechada en aquel momento, fue visible gracias a un microscopio que él mismo construyó puliendo concienzudamente pequeñísimas lentes. Es un caso paradigmático de cómo la óptica ha permitido al ser humano ver lo invisible, un caso que deja al descubierto que hay un mundo que, aunque esté justo frente a nuestros ojos, no somos capaces de percibir sin esas prótesis o herramientas de estudio. Las películas de Els van Riel nos confrontan exactamente con eso: cada una de ellas es un fino trabajo de pulido de la imagen cinematográfica que va dejando al descubierto capas insospechadas en lo más aparentemente banal. Es a través de sus experimentos que podemos constatar de manera empírica lo que son la luz, la visión y la óptica, fenómenos tan incorporados a la experiencia del mundo de todas las personas videntes que no llaman la atención. La óptica, la mecánica y la fotoquímica sirven para descomponerlos y recomponerlos de manera sorprendente, al hilo de las intuiciones de van Riel.
Els van Riel, procedente del norte de Bélgica (no tan lejos de Delft), vive y trabaja en Bruselas. Se formó primero en fotografía y luego en cine, además de ejercer como proyeccionista. También estuvo involucrada en la escena de música experimental y arte sonoro en Bruselas y, más adelante, en colectivos como el Labo BxL y Cinéma Parenthèse. Su trabajo está centrado en la imagen en movimiento (cine y vídeo) no solo en forma de películas, sino también de instalaciones, todas obras que reflexionan en torno a la luz y su mecánica de distintas maneras.
Estas reflexiones sobre la luz requieren su propio instrumental. Al igual que para el estudio de los microorganismos hacen falta microscopios, las lentes, las ópticas, las cámaras y la película fotosensible son las herramientas para este desguace y análisis de van Riel. Es por eso que el pensamiento en torno al dispositivo (tanto a la cámara como al proyector) no se puede despegar de su trabajo de investigación. En la muestra que le dedicamos podremos ver películas en las que eso se pone en evidencia, como es el caso de Gradual Speed (2013). Motivada por la que en ese momento parecía ser la inminente desaparición de la película fotoquímica, el film está compuesto de una serie de imágenes que van emergiendo desde una blancura total a causa de la sobreexposición hasta virar hacia la oscuridad. El método es importante en la investigación: en este caso consiste en variar la obturación de la cámara, desde dos fotogramas por segundo (permitiendo así la entrada de luz durante más tiempo, lo que vela la película) hasta una velocidad estándar y mayor, que la expone correctamente. Esto produce, a su vez, una velocidad enrarecida en el movimiento al ser proyectada a 24 fotogramas por segundo. Unwritten Page (2001) se hizo como acompañamiento a una pieza musical, y nace asimismo del blanco, de la luz bañando por completo la pantalla de la que va emergiendo también poco a poco una imagen, que pareciera una pintura por estar capturada a través de la trama de una tela. Fugue, A Light’s Travelogue (2017) es una suerte de historia de la luz impulsada por un collage de imágenes de archivo y propias. Desde grabados de primigenias teorías (como la de que la visión del mundo se obtenía a partir de rayos que emitían los ojos humanos), pasando por un retrato de Alhacén, matemático y físico árabe que escribió el Libro de óptica entre 1011 y 1021 y postuló la verdadera naturaleza de la luz junto con la avanzada teoría de que la visión se formaba en el cerebro, hasta la efigie de Thomas Young, que descubrió la naturaleza ondulatoria de la luz, o la de Cecilia Payne-Gaposchkin, que estudió la luminosidad de las estrellas. Un compendio de imágenes de eruditos, ilustraciones científicas y también registros de luz artificial (eléctrica o de velas), entre otras cosas, que se amalgaman en una estructura que parte de la filmación de una película proyectada que luego se revela, se proyecta sobre la anterior y se refilma de nuevo y así sucesivamente, añadiendo cada vez más capas a la proyección filmada y alejando un poco cada vez la cámara para englobar el espacio de la proyección. A esta historia ilustrada y «apilada» se le agrega una capa de empirismo a través del uso y comportamiento de la luz a lo largo de la película: la artificial salida de los proyectores, la que va recogiendo la cámara según los haces de luz de los ocho proyectores que llega a utilizar se van superponiendo, y la luz natural que vemos en las ventanas del fondo del estudio donde todo ocurre a medida que amanece. Finalmente, Elliptic (2025) estudia el comportamiento de la luz en conjunción con la óptica mediante una serie de lentos cambios de foco en diferentes imágenes, que van descubriendo y ocultando elementos del encuadre.
Hay varias cualidades que se mantienen como una constante en las películas de van Riel. Una es su estructura: la mayoría se articulan en torno a variaciones sobre un mismo método, tentativas de experimento con diferentes resultados. Es el caso de Gradual Speed y de Elliptic, en las que un mismo procedimiento se repite con diferentes motivos y con resultados que varían de acuerdo con esos motivos. En Fugue, A Light’s Travelogue, esas variaciones se desenvuelven más bien en forma de muñeca rusa. En su cine juega un papel importante también la ausencia de imagen, tanto por el exceso de luz como por la profundidad de foco de la lente, así como por la oscuridad que no llega a impresionar la película. Haciéndose eco de esto, en las bandas sonoras de algunas de sus películas, hechas en colaboración con artistas sonoros, es también capital el silencio. Por supuesto, el tiempo es un factor determinante en su obra. Las gradaciones y los detalles se van revelando lentamente, y de ahí la inherencia del cine en esta investigación. Esa progresión hace que en cierto modo podamos sentir en nuestras propias carnes que la luz es, en efecto, una suma de partículas que viajan en ondas para posarse sobre la superficie fotosensible de la película. Según dice la propia van Riel en una entrevista, es como si la tira de película fuese un trozo de tiempo, como si pudiéramos asir el tiempo con nuestras manos.
Otra cosa presente en el cine de van Riel es el engaño y desengaño del ojo, e incluso la idea de trampantojo. En Unwritten Page pasamos de ver una superficie blanca a ver lo que parece un lienzo y una pintura, que luego comprobamos que no es tal gracias al movimiento de un transeúnte (el uso de la gasa entre la realidad y la cámara apela a la pintura también al recordarnos al velo de Alberti, una «máquina de dibujar» del siglo XV). En Gradual Speed, el ir adivinando los motivos casi se convierte en un juego para la espectadora, al igual que ver los detalles que los cambios en la cantidad de luz que recibe la película van revelando u ocultando en la imagen. En Fugue, A Light’s Travelogue, tardamos en reparar en que lo que presenciamos es la filmación de una proyección, y en darnos cuenta del espacio que la circunda. En Elliptic, es prácticamente magia ver las cosas insospechadas que van surgiendo del progresivo cambio de foco. Lo que semeja un motivo abstracto al principio deja paso a cosas imposibles de intuir: observamos así con asombro cómo surge un bosque o un mar al fondo de una imagen que para nada parecía contenerlos.
Sin embargo, aun con todo el pensamiento que se desenvuelve en el concepto mismo de cada película, el cine de Els van Riel es más que un experimento o un estudio científico. En las películas se respira también calidez, imágenes que apelan a los sentidos y a los sentimientos. El agua, el mar, un animal, una persona que duerme, los brotes de un árbol, el sol bañando una foto de un ser querido en un interior doméstico. Es la luz que se transfigura no solo para ser analizada y comprendida, sino para que recaiga en la superficie sensible de nuestra psique.
Elena Duque
