La portuguesa Beatriz Freire nos habla de las ideas que hay detrás de su pieza A Texture Map of Monnegre River, en la que la proyección se combina con la acción de tejer en un telar en directo.

¿De dónde sale tu idea de transportar los códigos del tejido a la película analógica?
Mi medio es el textil, concretamente la tejeduría. Soy tejedora. A partir de aquí, toda investigación, apropiación de otros medios y experimentación tienen como base el uso del lenguaje o de la técnica de este arte textil. Mi intención es poner en valor la tejeduría y darle el espacio que se merece junto a otras artes históricamente reconocidas como tales. De alguna forma, me apropio de esos otros medios para intentar mostrar la potencia, capacidad y flexibilidad que la tejeduría tiene, no solo como práctica, sino también (y sobre todo) como lenguaje. Lo fílmico surgió de manera bastante natural, porque encuentro muchas similitudes y puntos de contacto con la práctica textil. El más evidente es su materialidad. Trabajando con celuloide de 16 mm, me di cuenta de que procesos como el revelado, el secado de la película, el enhebrado del proyector o el montaje con la empalmadora resultan curiosamente familiares para alguien que trabaja con el textil. Al empezar a trabajar con la Bolex y haber conocido la obra de Rose Lowder, se abrió una puerta más para explorar esta relación entre lo fílmico y lo textil, y el uso de las notaciones de tejeduría como órdenes de rodaje. Hay una idea que atraviesa todo mi trabajo: creo que existen informaciones, estados y formas de existencia a los que no podemos acceder mediante el uso habitual de nuestros sentidos. Nuestro cuerpo percibe aquello que puede percibir, igual que el cuerpo de un gato percibe el mundo a su manera. Habitamos una misma realidad, pero accedemos a ella de forma distinta y limitada. Tampoco creo que el uso tradicional o clásico de una cámara sea suficiente para captar lo invisible del mundo. Tengo la intuición de que es a través del lenguaje de la tejeduría como podemos acercarnos a esas otras formas de percepción. La tejeduría ya contiene, en sí misma, un sistema de escritura: las notaciones textiles transmiten información, organizan estructuras (se asemejan bastante a partituras musicales). Dándoles vueltas a estas ideas, quise testar la posibilidad de utilizar esos códigos textiles como guion de rodaje, usando la Bolex como si fuese un telar, y ver qué pasaría: si los ritmos del tejido se pueden desplazar al fílmico, al audiovisual, e intentar acceder a aquello que permanece invisible. La escritora portuguesa Maria Gabriela Llansol hablaba del concepto de «fulgor»: lo consideraba no como una iluminación pasajera, sino como una forma de combate cotidiano, un esfuerzo diario por encontrar intensidad y abrir brechas en nuestra percepción habitual del mundo. Creo que mi relación con lo fílmico y con la tejeduría se acerca a esa idea. Me interesa utilizar el lenguaje textil y el celuloide no solo como herramientas de representación, sino como dispositivos capaces de alterar la percepción y acceder a aquello que normalmente permanece invisible. En ese sentido, A Texture Map of Monnegre River es un intento de llegar a ese fulgor.
¿Cómo se relaciona esta labor o investigación con el río Monnegre?
Me seleccionaron en la residencia Vapores, de IDENSITAT, cuya investigación artística se centraba en el contexto del río Monnegre, en Alicante. Fue la primera vez que pude materializar y testar esta mi idea de rodar en 16 mm, fotograma a fotograma, utilizando códigos de tejeduría como guion de rodaje. Nombré este proyecto A Texture Map of Monnegre River, inspirándome en la obra A Sound Map of the Hudson River, de Annea Lockwood. Me propuse hacer un mapeo sensorial del río Monnegre, centrado en sus texturas visibles e invisibles, no buscando una cartografía convencional, sino una exploración poética y material del paisaje fluvial. El objetivo era generar un archivo sensorial que, mediante el uso de varias técnicas (entre ellas el fílmico en diálogo con el textil), pudiera crear un puente entre sonido, imagen y materia, proponiendo nuevos modos de leer y habitar el entorno, descolonizando los sentidos y ampliando las formas de percepción.
¿Nos puedes hablar de la incorporación de tu cuerpo y el telar a la presentación en directo de la pieza?
La tejeduría es máquina, pero sobre todo cuerpo, sensación corporal. Dentro de mi práctica artística, donde intento expandir al máximo las posibilidades del textil, la idea de performar con un telar surgió de manera bastante natural. Me interesa que las personas conozcan la tejeduría y se familiaricen con ella. Un telar manual, y aún más un telar manual en funcionamiento, no es algo común de encontrar, especialmente en contextos como festivales, muestras, galerías o museos. Por eso, cuando la pieza o proyecto lo permite, me interesa mucho llevar el telar al espacio expositivo y activarlo en directo. Todavía estoy en una etapa de mi recorrido artístico en la que no siempre es fácil que te den oportunidades de acceder a una estructura adecuada para desarrollar y presentar tus piezas en las condiciones ideales que imagino para el espectador, para que pueda entrar verdaderamente en ese estado de percepción o «fulgor» del que hablo. Entonces, de algún modo, aprovecho esa limitación para desplazar el foco hacia el cuerpo, el gesto y la presencia del telar en vivo. Aunque sea tímida, el telar me protege de la mirada del otro (o así lo percibo yo). El objetivo termina concretándose ahí: que la gente pueda encontrarse con un telar en funcionamiento en un contexto inesperado, fuera de la fábrica o del taller, y percibirlo desde otro lugar.





